«Yo no visto cuerpos. Visto actitudes»
Actualizado: 4 jun
Entrevista con Luis de Javier, fundador y director creativo de Luis de Javier Studio.

Veintinueve años, formado en el IED de Barcelona, pasado por Vivienne Westwood y Gareth Pugh en Londres, y con el nombre de Riccardo Tisci —ex director creativo de Givenchy y Burberry— como mentor. Si hubiera que describir a Luis de Javier en una línea, esa línea ya sería demasiado corta. El diseñador barcelonés fundó su firma en 2020 con una colección de graduación, una agencia de relaciones públicas londinense que se fijó en él por las redes sociales y una certeza: que tenía historias propias que contar y que no estaba dispuesto a esperar para contarlas.
Cinco años después, su corsé Toro Negro impreso en 3D ha aparecido en las portadas del álbum Motomami de Rosalía y en el artwork de Renaissance de Beyoncé. Lady Gaga le encarga piezas a medida para videoclips y apariciones televisivas. Kim Kardashian, Doja Cat, Charli xcx y Julia Fox han vestido sus diseños. Ha presentado colecciones en Londres, Los Ángeles, Nueva York y, en septiembre de 2024, debutó en la Semana de la Moda de París con Refugio de Pecadores en el Espace Niemeyer, un hito que él mismo calificó de imposible hasta que ocurrió. Además, es el nuevo miembro del jurado de Maestros de la Costura Celebrity en La 1, sustituyendo a Palomo Spain. Hablamos con él sobre sus raíces, su universo y lo que significa ser el enfant terrible de la moda española con la cabeza muy fría.
Tu marca nació en 2020, pero todo arrancó de manera casi accidental. ¿Cómo recuerdas ese momento?
Fue todo muy rápido e inesperado, la verdad. Me había llevado mi colección de graduación a Londres para fotografiarla y publicarla en redes. Una agencia de relaciones públicas se fijó en lo que hacía y me llamó para participar en una pasarela de diseñadores emergentes. En cuestión de días tuve que montar la marca y preparar el desfile. No había un plan estratégico, no había inversores, no había estructura. Había ganas, había trabajo y había algo que decir. A veces eso es suficiente para empezar.
¿Qué te dieron Vivienne Westwood y Gareth Pugh que no encontrabas en ninguna escuela?
La escuela te enseña la técnica. Las casas te enseñan el carácter. En Vivienne Westwood entendí que la moda puede ser un acto político, que una prenda puede cargar con una ideología entera sin necesitar un manifiesto. En Gareth Pugh aprendí a no tenerle miedo a lo oscuro, a lo incómodo, a lo que no busca la aprobación inmediata. El underground londinense también fue una gran escuela paralela: la escena queer, los clubes, las noches en las que la gente se inventaba identidades completas con lo que llevaban puesto. Todo eso está en mi ADN como diseñador.
Tu trabajo se ha descrito como una fusión de folclore español, cultura rave y estética queer. ¿Te reconoces en esa etiqueta?
En parte sí, pero no quiero que sea una jaula. Esas tres referencias son reales: el folclore español está en mis raíces, la cultura rave está en las noches que he vivido, y la comunidad queer es mi familia. Pero ahora mismo estoy desarrollando un lenguaje más chic, más elegante, más femenino. El corsé Toro fue un hito, pero no quiero que nadie crea que solo soy eso. Soy mucho más, y cada colección lo demuestra.

El corsé Toro Negro impreso en 3D es probablemente la pieza más icónica que has diseñado. ¿Cómo nació?
Nació de una obsesión con la tauromaquia como símbolo cultural y estético, no como práctica. La montera de torero, el traje de luces, esa mezcla de rituales y color que tiene la fiesta nacional española me parece visualmente extraordinaria. Quería reinterpretarlo desde un lenguaje contemporáneo, duro, con la impresión 3D como material. Cuando vi el corsé terminado supe que era algo especial. Que luego Rosalía lo eligiera para Motomami y Beyoncé para Renaissance fue una confirmación que todavía me cuesta asimilar.
¿Qué sintiste al ver ese corsé en el artwork de Renaissance?
El mayor cumplido de mi carrera. No hace falta que diga nada más. Beyoncé no viste nada por compromiso ni por accidente. Que una pieza tuya entre en un álbum de ese peso cultural es una señal de que el trabajo tiene valor real, más allá de las pasarelas y los medios especializados.
En septiembre de 2024 debutaste en la Semana de la Moda de París con Refugio de Pecadores. ¿Qué significó ese momento para ti?
Presentar en París siempre fue la meta. Pero imaginaba que ocurriría dentro de cinco o diez años más, no a los veintiocho. Cuando estás allí, rodeado de tu equipo, en el Espace Niemeyer, viendo cómo algo que nació en tu cabeza se convierte en real delante de prensa y compradores de todo el mundo... es difícil de describir. Es la confirmación de que el camino era el correcto, aunque haya costado noches sin dormir y muchos momentos de duda.
La colección homenajeaba a Balenciaga y a la tradición española de la alta costura. ¿Por qué ese guiño en ese momento?
Porque creo que hay una responsabilidad en llevar el apellido español en la etiqueta. Balenciaga definió gran parte de lo que la moda española representa para el mundo, y hacerle un homenaje desde París, que es la ciudad donde él desarrolló su obra, tenía una lógica casi poética. Pero no quería que fuera una cita cultural fría: quería que se sintiera vivo, que tuviera mi energía, mi generación, mi forma de entender España hoy, que es muy distinta a la de los años cuarenta.
Riccardo Tisci es tu mentor. ¿Qué te ha dado esa relación?
Rigor y perspectiva. Riccardo ha construido grandes casas, ha gestionado legados enormes, sabe lo que significa sostener una visión creativa durante años sin perder la identidad. Trabajar con su apoyo me ha dado una dimensión que solo no podría haber tenido tan pronto. Y también me ha dado confianza: cuando alguien de ese nivel apuesta por ti, algo en ti termina de creer en lo que estás haciendo.
No vienes de una familia con dinero ni de un entorno de privilegio. ¿Cuánto pesa eso en tu historia?
Mucho, y no lo escondo. Quien me ha apoyado incondicionalmente desde el principio ha sido mi madre. No había un gran inversor, no había red de seguridad. Cada colección se hacía con lo que había, con mucho trabajo y con la certeza de que no había plan B. Eso, paradójicamente, te hace más libre: cuando no tienes nada que perder, puedes arriesgarlo todo en cada pieza. Y yo lo he hecho siempre.
¿Qué le falta a la moda española para consolidarse en el panorama global?
Una clientela fiel que se atreva con el producto. España tiene una cantera de talento joven alucinante, pero a veces cuesta que ese talento encuentre su mercado en casa antes que fuera. Muchos de nosotros encontramos antes reconocimiento en Nueva York o Londres que en Madrid o Barcelona. Eso está cambiando, y Maestros de la Costura tiene algo que ver con eso: lleva el diseño español a millones de hogares y normaliza la idea de que la moda de autor es también para todos.
Para cerrar: ¿qué es Luis de Javier Studio?
Un manifiesto sobre la individualidad. Cada prenda que sale de aquí tiene que decir algo, tiene que provocar algo. Yo no visto cuerpos. Visto actitudes.
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