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«La sastrería no es una tendencia; es una declaración de intención»

eugeniaa04gc
27 may
5 min de lectura

Actualizado: 4 jun

Entrevista con Blanca Bleis, fundadora y directora creativa de Bleis Madrid

 


En la calle Claudio Coello, a pocos pasos del bullicio del barrio de Salamanca, se encuentra el showroom de Bleis Madrid. Es un espacio que huele a tejido nuevo y a disciplina: perchas perfectamente ordenadas, mesas de luz con bocetos a medio acabar, rollos de crepé en tonos arena, hueso y negro. Blanca Rodríguez —conocida en el sector simplemente como Blanca Bleis— nos recibe de pie, con un traje de chaqueta color tiza de su propia firma. Treinta y dos años, voz directa y una serenidad que no es distancia, sino concentración. Es la misma energía que destila su ropa: nada grita, pero todo impacta.

En 2017, cuando apenas había cumplido veinticinco años, fundó Bleis Madrid con cuatro patrones y una convicción: que el mercado español necesitaba una sastrería femenina contemporánea, pensada desde la mujer real. Ocho años después, la reina Letizia y la princesa Leonor han vestido sus trajes en actos de Estado, su firma ha desfilado en la Semana de la Moda de Nueva York y su colección cápsula de aniversario, Awakening Legacy: A Decade of Icons, ha ocupado las páginas de las principales publicaciones especializadas del país. Hablamos con ella sobre sus orígenes, sobre lo que significa ser diseñadora española hoy y sobre el futuro de una industria en transformación.


Bleis Madrid cumplió diez años en 2025. Cuando fundaste la firma, ¿eras consciente de lo que estabas construyendo?

Para nada. Tenía una necesidad personal muy concreta: no encontraba un traje de chaqueta que me hiciera sentir elegante y cómoda al mismo tiempo. Así de sencillo y así de honesto. La marca nació de ahí, de un hueco en mi propio armario. Luego, lógicamente, el proyecto fue creciendo y tomando forma propia, pero en el origen no había ningún gran plan estratégico. Había una chica en Ciudad de México con cuatro patrones y muchas ganas de hacer algo diferente.


¿Por qué Ciudad de México?

Fue un encadenamiento de circunstancias. Tras graduarme en Parsons, en Nueva York, y pasar un tiempo en Proenza Schouler, necesitaba un cambio de escenario. México tiene una energía muy particular: una mezcla de artesanía, color, historia y modernidad que te obliga a mirar las cosas de otra manera. Allí desarrollé los patrones fundacionales de la firma. Aunque siempre supe que la marca tenía que ser madrileña. Bleis Madrid no podría ser de otra ciudad.



El nombre lo dice todo. ¿Qué significa para ti ser una firma española?

Significa una responsabilidad y también un privilegio. España tiene una tradición artesanal extraordinaria —en tejidos, en confección, en el oficio del sastre— que durante décadas fue eclipsada por el fast fashion o por la mirada hacia París y Milán. Hoy, afortunadamente, hay una generación de diseñadores que está poniendo ese savoir faire en el mapa. Firmas como Redondo Brand, Encinar o Mint and Rose son ejemplos de gente con un talento enorme y con las ideas muy claras. Yo me siento parte de ese movimiento, y eso me llena de orgullo.


La artesanía y la producción local son parte del ADN de Bleis Madrid. ¿Es una decisión ética o también comercial?

Es ambas cosas, y no tengo ningún problema en reconocerlo. Creo en la producción artesanal porque es la única forma de garantizar la calidad que exige mi cliente. Pero también creo en ella porque es coherente con el discurso de atemporalidad que sostenemos. No tiene sentido hablar de ropa que dure veinte años si esa ropa se fabrica de manera que no sea sostenible. Dicho esto, no me gusta el greenwashing. Prefiero hacer las cosas bien y hablar poco de ello.



Supervisas personalmente cada prenda desde el patrón hasta el acabado. ¿Cuándo deja de ser posible mantener ese nivel de control?

Es la gran pregunta que me hago constantemente. El crecimiento de la firma me ha obligado a delegar mucho más de lo que me gustaría. Me identifico más con el rol de directora general que con el de diseñadora pura, porque mi día a día es gestionar equipos, tomar decisiones, coordinar departamentos. Al diseño le dedico los fines de semana, que es cuando puedo concentrarme de verdad. Pero el patrón sigue siendo el corazón de todo. Cuando el patrón está mal, nada funciona. Cuando está bien, todo lo demás es casi secundario.


¿Qué papel juega el patrón en tu trabajo?

Es la base de todo. Un traje puede tener el tejido más caro del mundo, pero si el patrón no está afinado, no sirve de nada. En Bleis Madrid entendemos el patrón como una pieza de ingeniería: tiene que responder al cuerpo, acompañarlo, no imponérsele. Cuando está bien resuelto, el traje cae con naturalidad y se percibe impecable sin artificios. Es esa diferencia que el cliente siente pero no siempre sabe nombrar.


En 2021, la reina Letizia estrenó tu firma en un acto oficial. ¿Cómo viviste ese momento?

Fue un shock, con toda la honestidad del mundo. Recuerdo que me llamaron para avisarme y que tardé un buen rato en asimilarlo. Que la Casa Real elija una firma española emergente —y en aquel momento éramos muy emergentes— es una señal de confianza que va más allá de lo comercial. Es un reconocimiento al trabajo bien hecho. Y luego, claro, el impacto mediático fue enorme. Pero lo que más me importó fue lo que representaba: que la sastrería española tiene un lugar en los armarios más exigentes del mundo.


Y después llegó la princesa Leonor, en el acto del Toisón de Oro...

Eso fue otro nivel. Leonor eligió el modelo número uno, el primero que diseñé, en granate. Ver esa pieza, que para mí tiene una carga emocional enorme porque es la que fundó la firma, en un acto histórico como ese... No tengo palabras para describirlo. Solo sé que lloré. Y que llamé a mi madre.


Tu padre fue una figura central en el origen de Bleis Madrid. ¿Cómo está presente en tu trabajo hoy?

Mi padre era un hombre de sastrería en el sentido más clásico: amaba la ropa bien hecha, el estilo británico, el detalle. Murió inesperadamente en 2016, apenas dos meses después de que yo me graduara en Parsons. Fue un golpe brutal. La creatividad me ayudó a sobrevivir ese duelo. Así que en cierto modo, Bleis Madrid nació de él. Cada colección que hago lleva algo suyo, aunque no siempre sea explícito.


Has hablado del estado actual de la moda española con mucho optimismo. ¿Qué es lo que te preocupa?

Lo que me preocupa es la velocidad. Vivimos en un entorno donde todo el mundo quiere resultados inmediatos, viralidad instantánea, colecciones que se agotan en veinticuatro horas. Eso es incompatible con hacer moda de verdad. Hacer bien un traje lleva tiempo. Diseñarlo, patronarlo, confeccionarlo, ajustarlo. Si cedes a esa presión de velocidad, acabas traicionando el producto. Y cuando traicionas el producto, has perdido todo lo que te hace diferente.


¿Y qué es lo que más te ilusiona?

Que el cliente ha cambiado. La mujer que compra Bleis Madrid hoy no busca una tendencia. Busca una pieza que la acompañe durante años. Esa consciencia sobre el consumo, esa vuelta a lo atemporal, es algo que veo crecer y que me parece esperanzador. La moda vuelve a ser, en muchos sentidos, una forma de expresión poderosa. Y eso me emociona mucho.


Para terminar: si tuvieras que resumir en una frase qué es Bleis Madrid...

Un traje que te hace sentir exactamente quien eres.



 
 
 

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