«La invitada perfecta no sigue todas las modas; sabe adaptarlas a sí misma»
Actualizado: 5 jun
Entrevista con Virginia Pozo, fundadora y directora creativa de Coosy.

La tienda de Coosy en el número 9 de la calle Conde de Xiquena no tiene nada de escaparate convencional. Es un espacio luminoso y coqueto, presidido por una frase de Coco Chanel grabada en la pared —"La moda se pasa, el estilo jamás"— y habitado por una colección que mezcla sin esfuerzo el color, la feminidad y una elegancia que no intimida. Virginia Pozo, cuarenta años recién cumplidos, nos recibe con un chaleco y una gabardina multicolor de su propia firma. Nació en Pontevedra en 1985, estudió Derecho porque su madre así lo quiso, trabajó en un banco porque la vida así lo dispuso, y fundó Coosy en 2011 porque la vocación, como ella misma reconoce, no tiene paciencia infinita.
Catorce años después de aquel arranque exclusivamente online con el que una emprendedora sin escuela de diseño sacudió el mercado de la moda de invitada, Coosy factura cerca de seis millones de euros, emplea a más de ciento sesenta personas, cuenta con veinticinco tiendas en toda España y viste a celebrities como Paula Echevarría. Su colección cápsula Coosy Studio, presentada durante la última Semana de la Moda de Madrid en el palacete del decorador Lorenzo Castillo, fue un punto de inflexión: el momento en que una firma de moda asequible levantó la mano y reivindicó su derecho a estar en la misma conversación que la alta costura española. Hablamos con ella sobre ese camino, sobre lo que significa crecer sin renunciar a la esencia, y sobre el futuro del vestido de invitada.
Coosy nació en 2011. ¿Cómo recuerdas ese momento?
Con mucho vértigo y con muy poca planificación, la verdad. Tenía veintiseis años, estaba en un banco en el que no era feliz, y un día sencillamente tomé la decisión. El presupuesto que tenía no me permitía abrir una tienda física, así que empecé online, que en 2011 era todavía bastante inusual en el mundo de la moda española. Recuerdo que mi madre, que lleva décadas regentando Chamonix, su taller de confección a medida en Pontevedra, me miraba con una mezcla de orgullo y susto. Ella conoce el oficio desde dentro y sabe lo que cuesta.
Y fue precisamente ella quien te redirigió hacia el Derecho...
Sí, con toda la lógica del mundo. Mi madre me crió literalmente entre telas y patrones. Desde los ocho años me llevaba a las ferias de Milán a buscar prendas para el negocio familiar. Pero precisamente porque conocía el sacrificio del sector desde dentro, quería para mí algo "estable", como ella decía. Así que estudié Derecho y Ciencias del Trabajo en la Complutense, hice un máster en Asesoría Jurídica Internacional y acabé en un banco. Todo muy ordenado, todo muy alejado de lo que yo quería. El banco me enseñó mucho de estructura y de números, que luego me ha venido muy bien para gestionar la empresa. Pero no era mi sitio.
El nombre Coosy tiene una historia curiosa...
Fue idea de mi primo. Me dijo que la marca tenía que empezar por "co", como Coca-Cola, que eso traía suerte. Jugamos con la palabra inglesa cozy, que significa coqueto, acogedor, y de ahí salió Coosy. Es un nombre que no significa nada en ningún idioma y que a la vez te transmite algo. Eso me parecía perfecto para lo que quería hacer: una marca que se sintiera cercana pero con personalidad propia.
¿Qué hueco venías a cubrir?
El de la mujer real. Hay un mercado enorme de mujeres que necesitan vestirse para una boda, un bautizo, una comunión, una gala, y que no tienen ni el presupuesto ni el acceso a la alta costura pero que tampoco quieren conformarse con algo genérico. Yo quería ofrecer diseño de verdad, tejidos buenos, cortes pensados para hacer favorables a distintos tipos de cuerpo, a un precio accesible. Y hacerlo con color, con alegría, con esa energía que tiene la mujer española cuando se arregla de verdad.
Paula Echevarría se convirtió en tu embajadora más reconocida. ¿Cuándo empezaste a sentir que Coosy era algo grande?
Cuando empecé a ver a mujeres por la calle con prendas mías. Eso, antes que cualquier celebrity, fue la primera señal real. Luego llegó Paula, y fue otro mundo. Recuerdo la primera vez que publicó un look con Coosy en sus redes: se agotó el vestido en horas. Es una sensación muy difícil de describir. Ves que algo que empezaste sola, diseñando, gestionando pedidos y haciendo las cuentas a la vez, ha conectado de verdad con la gente. Eso no tiene precio.

En 2018 cofundaste IQ Collection junto a Inés Domecq, que ha vestido a la reina Letizia. ¿Cómo surgió esa colaboración?
Inés y yo nos conocemos desde hace muchos años y siempre hemos tenido una visión compartida de lo que debe ser la moda de fiesta. Ella aporta una sensibilidad muy especial, una forma de entender la elegancia que viene de otro lugar, más cercano a la alta sociedad y al lujo. Yo traigo la estructura, la experiencia en producción, el conocimiento del mercado desde abajo. Fue una suma muy natural. Y ver que la reina Letizia vistió IQ Collection fue uno de esos momentos que te hacen parar y respirar hondo.
Coosy Studio, presentado en el palacete de Lorenzo Castillo durante la MBFW de Madrid, fue un paso muy distinto al lenguaje habitual de la firma. ¿Qué querías demostrar con esa colección?
Que una firma que nació online y que viste a la mujer de a pie tiene también algo que decir en la conversación sobre la costura española de autor. Coosy Studio es un homenaje a los grandes talleres de los años cincuenta a los noventa, a esa época en que la confección española tenía una maestría que hoy se está recuperando. Quise rendirle tributo desde una mirada contemporánea. El palacete de Lorenzo Castillo no fue una elección casual: ese espacio ha visto pasar a lo más importante de la moda internacional, y yo quería que Coosy Studio estuviera en ese contexto. No por ego, sino porque creo que nos lo hemos ganado.
La pandemia supuso un punto de inflexión para muchas firmas. ¿Qué fue para Coosy?
Una lección durísima y necesaria. Antes de la pandemia íbamos a toda velocidad. Si no hubiera parado, me habría arruinado, porque para crecer hay que tener equipo y bases sólidas, y en aquel momento no las tenía del todo. El parón forzoso me obligó a aprender el valor de la rentabilidad, algo que no conocía bien. Hasta entonces me guiaba casi exclusivamente por la intuición. La pandemia me convirtió en mejor empresaria, aunque el precio fue muy alto. También fue el momento en que convertimos nuestro taller de Madrid en una línea de producción de mascarillas y batas para residencias, hospitales y protección civil. Era lo que se podía hacer, y se hizo.
Hablas mucho de sostenibilidad y de moda consciente. ¿Cómo se aplica eso en una firma que produce para el gran público?
Con mucha honestidad y huyendo del greenwashing. La sostenibilidad no es un slogan, es una forma de tomar decisiones. En Coosy significa apostar por proveedores locales siempre que podemos, por tejidos de calidad que duren más de una temporada, por colecciones que no saturen al cliente con novedades constantes. Y significa también escuchar a las clientas, que nos piden cada vez más prendas que puedan reutilizar. La invitada de 2026, como yo la veo, no quiere un vestido que solo sirva para una boda. Quiere algo que la acompañe en distintos momentos. Eso obliga a diseñar de otra manera.
¿Y qué te preocupa de la moda española hoy?
El ultrafast fashion. Vivimos en un ciclo donde la velocidad se ha convertido en el valor supremo, y eso destruye la cadena de valor entera: destruye a los diseñadores pequeños, destruye a los talleres, destruye al consumidor, que acaba con armarios llenos de ropa que no quiere. Se están alzando voces muy importantes contra eso, y creo que el mercado está cambiando, pero despacio. Necesitamos que la calidad vuelva a ser aspiracional. Que elegir bien sea un acto de valor, no de renuncia.
¿Qué te ilusiona?
El talento que hay en este país. A veces creo que no somos conscientes de la cantidad de diseñadores españoles con ideas extraordinarias. La MBFW de Madrid cada vez tiene más peso internacional, hay firmas gallegas, madrileñas, valencianas, sevillanas que están haciendo cosas increíbles. Hay un ecosistema vivo y con ganas. Y hay una clienta cada vez más formada, que sabe lo que quiere y que elige con criterio. Eso me parece la mejor noticia posible.
Para cerrar: ¿qué es una chica Coosy?
Una mujer trendy, carismática, que no tiene miedo al color ni a ocupar espacio. Que se arregla para sí misma antes que para nadie. Y que sabe perfectamente que la moda se pasa y el estilo jamás.
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