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«El vestido de invitada que no te quite protagonismo ni se lo quite a la novia: ese es el reto»

eugeniaa04gc
27 may
5 min de lectura

Actualizado: 4 jun

Entrevista con Cris Serra, fundadora y directora creativa de Cris Serra Studio


El estudio de Cris Serra en la calle Laforja de Barcelona no tiene nada de taller al uso. Es un espacio ordenado con precisión casi arquitectónica: rollos de cúpro apilados por tonos, de los ocres al granate pasando por todos los azules imaginables, maniquíes con vestidos a medio ajustar y una mesa de trabajo en la que conviven esquemas de color con hojas de pedidos. Cris Serra —cuyo nombre completo coincide, sin buscarlo, con el de la firma— es menuda, directa y de una energía que anticipa cada respuesta antes de que empiece. Se casó hace no mucho con uno de sus propios vestidos como protagonista silenciosa del evento. «Es lo más honesto que podía hacer», dice con una sonrisa breve.

Fundó Cris Serra Studio desde la convicción de que el mercado de los vestidos de ocasión en España estaba lleno de ruido y escaso de criterio: demasiada cantidad, poca honestidad con el tejido, poca personalización real.


Su respuesta fue una marca de producción artesanal, taller propio en Barcelona, cúpro como tejido estrella y un modelo de preventa que rompe con la lógica del armario lleno y el vestido desechable. Con más de 35.000 seguidores en Instagram y presencia en plataformas de alquiler y venta de referencia como Borow, Cris Serra es hoy una de las voces más coherentes de la nueva generación de diseño español para ocasión especial. Hablamos con ella de tejidos, de sostenibilidad y de lo que significa hacer las cosas bien cuando el mercado te pide que las hagas rápido.


¿Cuándo y por qué nació Cris Serra Studio?

Nació de una frustración muy concreta. Yo necesitaba un vestido para una boda y no encontraba lo que buscaba: algo que durara, que cayera bien, que no fuera idéntico al que iba a llevar la mitad de las invitadas. El mercado de invitada en España tiene un volumen enorme, pero durante mucho tiempo ha funcionado con una lógica de usar y tirar que a mí me parecía profundamente equivocada. Entonces tomé la decisión de fabricar yo misma lo que no encontraba. Al principio solo para mí. Luego empezó a interesar a otras personas y ahí fue cuando entendí que había algo de verdad.


¿Tenías formación en diseño o en confección?

Tenía intuición y tenía tesón, que no es poco. La formación vino después, de manera práctica, aprendiendo en el taller, equivocándome con los patrones, entendiendo poco a poco qué tejidos funcionan y cuáles mienten. No vengo de una escuela de diseño en el sentido tradicional, y eso creo que es parte de mi mirada. No tengo los prejuicios que a veces da la academia. Sé lo que quiero que una prenda haga y trabajo hacia atrás desde ahí.


El cúpro es el tejido central de la firma. ¿Por qué ese material?

Porque es extraordinario y está injustamente desconocido. El cúpro es una fibra regenerada, biodegradable, que cae con una fluidez que no tiene ningún sintético. Al tacto parece seda, pero es mucho más accesible y mucho más fácil de cuidar. Y tiene algo que para mí es fundamental: honestidad. No finge ser lo que no es. Un vestido de cúpro bien cortado no necesita adornos para parecer elegante. La elegancia ya está en el tejido.


Hablas mucho de sostenibilidad. ¿Cómo la defines en el contexto de una firma de moda de ocasión?

Con mucha humildad y sin eslóganes. La sostenibilidad, en mi caso, tiene tres patas. Primera: producción local. Todo se hace en nuestro taller de Barcelona, cada vestido de forma individual. Segunda: preventa. Solo fabricamos lo que tiene un comprador real. No hay stock acumulando, no hay excedentes que acaben en el vertedero. Tercera: durabilidad. Un vestido Cris Serra no está pensado para una sola boda. Está pensado para que, dentro de diez años, te lo pongas de nuevo y siga siendo válido. Si eso se consigue, la sostenibilidad deja de ser un argumento de marketing y se convierte en una realidad objetiva.



El modelo de preventa es inusual en el sector. ¿Cómo reacciona el cliente?

Al principio genera resistencia, porque vivimos en una cultura de la inmediatez brutal. La gente quiere comprar y recibir en 48 horas. Pero nosotras pedimos paciencia, y esa paciencia tiene su recompensa: el vestido llega hecho para ti, en el color exacto que elegiste, con el tiempo que merece. Lo que hemos descubierto es que la clienta que elige la preventa no solo repite: se convierte en embajadora. Porque ha vivido un proceso diferente al del fast fashion y eso genera un vínculo con la prenda que es muy distinto.


¿Qué diferencia a Cris Serra de otras firmas de invitada española?

La personalización real. En Cris Serra, cualquier modelo puede pedirse en cualquiera de nuestros colores disponibles. Eso parece sencillo pero tiene una complejidad de producción enorme. Significa que no estamos diseñando colecciones estáticas para que el cliente elija dentro de un catálogo fijo. Estamos ofreciendo una arquitectura de diseño sobre la que el cliente toma decisiones. Eso me parece lo más parecido a la sastrería a medida que puede existir en el segmento de precio en el que operamos.


Tienes presencia en plataformas de alquiler como Borow. ¿Eso no entra en conflicto con el modelo de venta?

Al contrario, es perfectamente coherente. Si creemos en la durabilidad, debemos creer también en que un vestido puede vestir a varias mujeres a lo largo de su vida útil. El alquiler es una extensión lógica de esa filosofía. Que una clienta alquile un vestido mío, lo lleve a una boda, y esa experiencia sea tan buena que luego decida comprarlo o recomendar la marca es, para nosotras, un éxito. No vemos el alquiler como competencia, lo vemos como una puerta de entrada.


Instagram y TikTok tienen un peso enorme en la visibilidad de la marca. ¿Cómo gestionas la presión de las redes?

Con mucha distancia estratégica. Las redes son una herramienta, no un fin en sí mismas. Lo que me interesa no es la viralidad, sino la coherencia. Prefiero 35.000 seguidores que realmente entienden lo que hacemos a 500.000 que no saben exactamente qué vendemos. Cuando publicamos un vestido nuevo, la respuesta es inmediata y viene de personas que ya conocen el universo de la marca. Eso es lo que yo llamo una comunidad, y es mucho más valioso que los números en frío.


¿Qué te falta todavía por hacer con Cris Serra Studio?

Llegar a más mujeres que todavía no saben que existe una alternativa al modelo de fast fashion de invitada. Hay un porcentaje enorme de clientas que siguen comprando en las grandes cadenas por inercia, no por convicción. No las culpo: nadie les ha ofrecido una opción atractiva, accesible y bien comunicada. Ese es el reto que me mueve todos los días. Y también me gustaría consolidar nuestra presencia internacional, porque el modelo que hacemos tiene sentido en cualquier mercado donde la boda siga siendo un evento con un peso cultural importante. Y eso, afortunadamente, es casi todo el mundo.


¿Cómo ves la moda española de ocasión en términos globales?

En un momento de madurez muy interesante. Hay firmas españolas que están exportando un lenguaje propio de elegancia que no es ni el italiano ni el francés: es más cercano, más humano, más vivo en el color. Coosy, Bleis Madrid, Devota y Lomba, El Corte Inglés en su colaboración con jóvenes diseñadores... hay un ecosistema que se está tomando en serio. Y hay una clienta internacional que empieza a mirar a España no solo por el turismo, sino por la moda. Eso antes no pasaba.


Para cerrar: si tuvieras que describir en una frase lo que buscas cuando diseñas un vestido...

Que la mujer que lo lleve se sienta exactamente como quiere sentirse ese día. Ni más ni menos. El vestido no es el protagonista. El protagonista es ella.


 
 
 

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